JL escribe cada noche todo lo que se le pasa por la cabeza en unos libritos negros que guarda, creí entender, bajo la cama. Lo anota tal cual le viene, sin preocuparse de márgenes, espacios, gramática ni nada. Si han visto “Seven” saben de lo que hablo. Seguramente lo hace con la convicción de que hacerlo le mantiene cuerdo, en el caso de que mantenerse cuerdo sea algo necesario o útil para alguien como él. Posiblemente él no ha visto “Seven”. Y seguramente algún día comprenderá que la terapia no sirvió de nada. Aún así, me parece envidiable poder dormir encima de todo lo que has pensado a lo largo de tu vida. Supongo que te convierte un poco en guardián de ti mismo.Yo carezco de talento para escribir mis pensamientos cada noche. Tal vez porque vivo de escribir, y ya lo hago bastante durante el resto del día. Una vez empecé un diario y el experimento duró una sola página, de lo que deduzco que llamar diario a los diarios es razonable y justo. Además, debajo de mi cama guardamos la ropa de invierno cuando es verano y de verano cuando es invierno. Y en una familia de cuatro miembros eso no deja mucho sitio a las palabras.
Pero ahora tengo un blog. Y me he hecho la promesa de cuidarlo como si fuera un tamagochi. Nunca he tenido un tamagochi, pero ahora tengo un blog. Ya saben a qué me refiero.
Trabajo desde hace más de 15 años en el mundo de la publicidad, la comunicación y el marketing. Estoy seguro de que escribir aquí lo que pienso acerca de esas tres cosas será una buena terapia para mantenerme cuerdo.
