Jorge es el dueño de la tienda Dani. Diría que es cubano. Nunca se lo he preguntado, y tampoco cómo es que si él se llama Jorge la tienda se llame Dani. Imagino que era el nombre del primer dueño de esa especie de kiosco de prensa, cuando sólo era eso, y que cuando Jorge compró el negocio prefirió dedicar el dinero a mejorar lo de dentro y dejar quieto el cartel de fuera. Al fin y al cabo, para qué cambiar un nombre así por otro igual.Ahora vende periódicos y revistas, sí, pero también patatas fritas y chuches, y latas de conservas, leche, pan, creo que algún producto de limpieza, tarjetas de teléfono –incluso las de nombres impronunciables-, y todo eso que da forma a lo que en países latinos llaman “abarrotes” y en casa llamamos “donde Jorge el cubano”.
Donde Jorge el cubano el pan está rico, tiene una exposición de revistas tan amplia como un Vips, si te saltas un número del coleccionable el tío te lo consigue seguro, y hace trampas para que puedas comprar algún fascículo sin tener que comprar también el diario que lo ofrece, si es eso lo que quieres. Así que se puede decir que está bien, y el chaval además de ser amable es bastante listo. Tal vez por eso creo que es cubano, porque he conocido pocos pero ninguno era tonto.
Hoy he comprado varias cosas, y al ver que llevaba la niña al hombro me ha ofrecido una bolsa. Normalmente tiene bolsas de plástico blancas, pero hoy tenía preparada una pila de otras de papel grueso con el logo de GasNatural. Así que le he dicho que sí, por ambas razones.
- ¿Te da las bolsas GasNatural, o qué?
- Sí, ha venido un tipo a pedirme si le hacía publicidad. Le he dicho “si son gratis, por mí perfecto”.
- Ah, muy bueno.
- ¡Claaaaro! Que tengas un buen día.
- Igualmente, gracias, hasta luego.
Pues eso: “claaaaro”. No sé si el de GasNatural de mi barrio será cubano también, pero queda claro que tonto no es. Y queda claro que lo tiene claro. Como el otro. Cuando he vaciado la bolsa en casa, y por cierto es de esas que no usas para la basura hasta que no está bien usada, dentro había una octavilla con la última campaña de GasNatural, “no se puede ser experto en todo / porque nadie entiende más de gas”, que es simpática y recuerda con claridad, ahora que le va a hacer falta, el territorio de una marca que lleva 165 años adueñada del genérico del gas natural. Tipo Kleenex, ya saben. O tipo lo que pasaba con Butano, que si la bombona no es naranja parece que no... Pero vaya, lo que me ha llamado la atención, como le ocurrirá a muchos clientes de Jorge este finde, ha sido la iniciativa. Lo de la bolsa. No es que sea una de esas ideas que cambian el mundo, pero sí es una de esas sin las que el mundo no cambia.
Apuesto a que al señor que ha ordenado la impresión de tropecientasmil bolsas en GN ni se le había pasado por la cabeza otro uso aparte de meter en ellas lo que quiera que vendan en las tiendas de GN, suponiendo que allí vendan algo que pueda caber en una bolsa. Incluso es posible que si llega a enterarse de lo que ha hecho el distribuidor de mi barrio se le rice la corbata y ponga el grito en el cielo. Quizás sea hasta ilegal, y vaya un municipal experto en Ley de Publicidad a ponerle una multa al bueno de Jorge. Seguramente al departamento de marca o de marketing o de reputación de GN le parecerá una aberración este trapicheo de bolsas, poner algo tan sensible como el material publicitario en manos de un desconocido (¡un cubano, fíate tú...!) que lleva una tienda que está un escalón más arriba del todoa1€ en la escala de glamour comercial. Para meter en las bolsas pan y periódicos, que vaya usted a saber de qué miga está hecho ese pan y qué noticias vendrán en esos periódicos. Y también es posible que, de haber ocurrido esto hace unos años, aquel Dani que no vendía un carajo hubiera intentado sacarle algo de pasta al hombre de GN por repartirle el anuncio, con lo cual la cosa habría quedado en nada...
Bueno, no sé. Lo que quiero decir es que la cosa huele más a que a este individuo de GasNatural, que es quien a fin de cuentas tiene unos objetivos comerciales en una zona concreta, le habrá llegado un lote de cientos de bolsas que no sabrá ni dónde almacenar en su tienda, y ha pensado utilizarlas como publicidad. Y como este también es su barrio, habrá pensado “¿quién vende como un cabrón? Jorge el cubano”. Y a la que se pasaba a comprar su Cinco Días, con el maletero del coche abarrotado de bolsas con octavilla dentro, se lo ha propuesto y Jorge el cubano ha dicho “¡claaaaro!”. Y ya está la cosa hecha.
Eso es lo que prefiero pensar. Primero, porque en mi maldad sospecho que mientras en las sedes de las grandes compañías los gurús del marketing están como patos mareados sin saber cómo hacer caja, es la gente de la calle la que está tomando las decisiones con ideas pequeñas, pero rápidas y posibles, que al menos ayudan a mantener el chiringuito abierto (y por acumulación y aun sin quererlo, también ayudan a mantener la marca viva). Segundo, y llámenme soso si quieren, porque creo firmemente en el poder de las bolsas como herramienta de interacción emocional con el público, sea cual sea y se dedique a lo que se dedique la marca; y creo que es un poder que jamás ha logrado superar al mismo coste ningún otro gadget promocional. Y tercero, porque estoy a punto de terminar mis vacaciones y me gustaría que algunas cosas empezaran a ser así de sencillas.
